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Aura cambia las zapatillas por zapatos de tacón

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Cuando cambiamos las zapatillas por zapatos de tacón. Yo entre en esa edad con mucha alegría, eras “mayor de edad”, donde se supone que tienes libertad para entrar en cualquier bar, beber, fumar (bueno también depende del país del que seas), llegar tarde a casa, si te reñían siempre podías apelar eso de… “yo ya tengo dieciocho” y la respuesta era…”mientras vivas bajo mi techo, será lo que yo diga”, había cambios en muchos aspectos, y si le sumabas que te tocaba una universidad lejana y compartías piso con estudiantes, la libertad era plena. Pero aparte de todos esos cambios que todo el mundo sabe, de lo que pocos comentan son el paso a la madurez, como vas descubriendo un nuevo camino, despidiendo así la adolescencia, pasiones, desengaños, enamorarse; ¿con esa edad puede saber uno que es el amor?

“Aura cambia las zapatillas por zapatos de tacón” de Alexandra Roma, una historia que engloba mucho de todo eso. Aura dejará Cáceres para estudiar en Madrid, conocerá a distintas personas, cada una de ellas aportarán líneas de entretenimiento a esta novela. Situaciones que agradan y otras que no tanto harán de una Aura en zapatillas, a una chica capaz de llevar tacones. Descubrir el verdadero amor en una chica de dieciocho años, parece inverosímil, pero ya quisieran muchos poder sentir como lo hace aura.

“…Víctor se giró para señalarme unas letras que se entreveían debajo del morado de sus costillas.

  •  Es de Gandhi
  • ¿En qué idioma está?
  • Hindi
  • ¿Qué significa?
  • La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace está en armonía…”

Segundas oportunidades

 

Se encienden las luces del escenario en una ciudad cualquiera, su decorado no deja entrever nada. Butacas repletas, murmullos, risas, alguien pide silencio…

Las luces se apagan. El sosiego de este gran teatro es roto por el sonido de unos acordes de guitarra. Una voz rota suena acompañada de más instrumentos. El espectáculo ha comenzado.

 Una canción tras otra sin descanso, sus letras no dan esperanza al amor, solo dolor. Me siento triste, me gusta la música que escucho, es bonita, pero en este momento no es lo que me apetece oír. Hay momentos, y la verdad es que este no es uno de ellos.

Sentada en tercera fila, intento llamar la atención del compositor; no le quito ojo, lo miro intensamente a ver si me siente. Mientras sigue cantando levanta la vista del suelo, y comienza a mirar hacia el público. Supongo que no verá nada por las luces que alumbran su cara, pero algo me dice que me ha sentido, está mirando hacia donde yo estoy, sigue tocando y cantando sin apartar la vista. La comisura de mis labios asciende, mis ojos intentan transmitirle esperanza, en décimas de segundos su expresión cambia, sonríe y un guiño de ojo asevera que sabe que aquí estoy.

Las letras comienzan a sonar distintas, el sentimiento es otro, me gusta. Creo que las segundas oportunidades existen, su mirada y su música lo ratifican. Si nos queremos ¿porqué no intentarlo?